¿De qué va eso del Pilates?

Por Entrenactiva

  No vamos a profundizar en este artículo en aquello que se puede encontrar fácilmente bien desarrollado en muchos otros blogs o páginas web dedicadas a la actividad física en general o al Método Pilates en particular y, por supuesto, en infinidad de libros: quién fue Joseph H. Pilates, cómo desarrolló el método, en qué consisten sus principios, cuáles son sus beneficios, qué maneras de practicarlo existen, etc. Pretendemos con estas líneas resumir dicha información y dar una visión general de esta práctica desde el punto de vista del instructor y del alumno, roles que adopta prácticamente a diario quien escribe. Vamos a ello.

Joseph Hubertus Pilates   Diversas vivencias y circunstancias personales llevaron al Sr. Pilates a desarrollar su método a principios del siglo pasado. No estando tan pagado de sí mismo como para bautizarlo con su apellido, lo denominó Contrología. Este nombre nos da una pista de las intenciones de su creador: mejorar mediante un programa de ejercicios el control sobre el movimiento de nuestro cuerpo, perfeccionar nuestro control motor. Posteriormente los seguidores del método lo llamarían como lo conocemos en la actualidad en honor de su fundador.

  Dar una definición taxativa del Método Pilates es tarea imposible, aunque resulta enriquecedor intentar describirlo en pocas palabras y aún más leer las definiciones que otros compañeros hacen del mismo. Definiciones e interpretaciones o escuelas (clásicas o evolucionistas) aparte, lo que da la singularidad al Pilates son sus seis principios básicos o fundamentales: centro, respiración, concentración, control, precisión y fluidez. Como dijimos al inicio del presente artículo, no entraremos a detallar en qué consiste cada uno de ellos, pero sí destacaremos que estos principios, junto con otros conceptos y la capacidad de adaptación del método, son lo que hacen a este eficiente, genial y accesible a todo tipo de personas, desde deportistas profesionales a personas mayores, pasando por embarazadas y gente con patologías, independientemente de su condición física.

 Pilates en ReformerNo todos los ejercicios son para todo el mundo, pero los distintos niveles se adaptan a cualquiera.

  Por extensión, aplicar estas bondades del Pilates a otras actividades físicas y de la vida diaria aporta un sinfín de beneficios: conciencia corporal, cuidado de tu espalda, mejoras posturales y motrices, reducción de desequilibrios musculares, prevención de lesiones… En definitiva, Pilates aporta una mejora de la salud y por tanto de la calidad de vida.

  ¿Y qué opciones tenemos para practicarlo? Pues las dos maneras más populares de practicar Pilates son Pilates suelo y Pilates con máquinas, si bien ya vienen cobrando popularidad otras  modalidades, como el AeroPilates.

Pilates suelo

Mat Pilates  También llamado Mat Pilates (Pilates con colchoneta o esterilla). El repertorio original de Pilates se compone de 34 ejercicios de suelo, que se realizan de pie, sentados o echados boca arriba, boca abajo o de lado, sin ningún tipo de material auxiliar a excepción de la esterilla. Diversas adaptaciones de estos ejercicios derivan en diferentes opciones de ejecución en cuanto a niveles de dificultad (básico, intermedio y avanzado) y en la utilización de diferentes implementos para enriquecerlos y brindar mayor variedad: aro (magic circle), pelota, fitball, banda elástica, cilindro de espuma (foam roller), etc.

Implementos

Pilates máquinas

  En este caso los ejercicios se realizan en diferentes máquinas, por lo que la variedad y las posibilidades se multiplican exponencialmente. Como en el caso anterior, hay distintos niveles de ejecución y también podemos usar implementos para dar aún más variedad a las sesiones. Algunas de las máquinas son: el reformer, la torre o unidad de pared, el cadillac, la silla, el barril (ladder-barrel)…

Máquinas

  Todas las maneras de realizar Pilates son complementarias entre sí, siendo lo ideal la práctica combinada de las mismas.

  Tras estas pinceladas (ya sabes que si quieres profundizar tienes innumerables fuentes de información a las que acudir) pasamos a hablar de lo que es el “Pilates del día a día”, su esencia práctica, aquello con lo que podemos encontrarnos en una clase de Pilates.

  Además de la elección de una de las “modalidades” antes mencionadas, otra de las decisiones a tomar a la hora de practicar Pilates es decantarse por clases individuales, en grupos reducidos o en grupos no tan reducidos. Obviamente aquí la relación calidad/precio toma gran relevancia. Seguramente la cuota mensual de nuestro gimnasio incluya la posibilidad de acudir a las clases de Pilates suelo en grupo. Es una opción, pero dadas las características de la propia actividad no será la mejor ya que tanto la adaptación del nivel de los ejercicios como las correcciones que el monitor deba realizar se reparten entre un número de alumnos muy complicado de manejar. Otra posibilidad es la de apuntarse a un estudio de Pilates o contratar a un profesor para clases en grupos reducidos, siendo el coste compartido y la atención más personalizada que en el caso anterior. La opción óptima siempre será recibir clases individuales en las que la atención del instructor esté focalizada en un único alumno, con el nivel de la sesión perfectamente adaptado al mismo y con una comunicación continua y directa entre ambos.

  Al entrar en una clase de Pilates nos encontraremos con un ambiente relajado a la vez que expectante por lo que está por venir. Se trabajará sobre los principios del método y se pondrá mayor atención en unas u otras partes del cuerpo, pero desde la globalidad, tomando al cuerpo como “un todo”, atendiendo a la planificación, programación y diseño que el profesor haya elaborado en función a los objetivos y al nivel de sus alumnos. Se despertará la musculatura profunda y estabilizadora, movilizando “de dentro hacia afuera”, integrando la respiración en el movimiento, enfatizando la calidad del mismo frente a la cantidad y buscando la mejoría física y motriz de los practicantes. Y para desmentir leyendas urbanas sobre la “suavidad” del Pilates, al día siguiente seguramente aparezcan las agujetas.

  Con independencia de que la sesión sea individual o en grupo, de que se desarrolle en un estudio de Pilates, en un gimnasio, a domicilio, al aire libre, etc., y sin diferenciar si se trata de una clase de Pilates suelo, Pilates con máquinas o AeroPilates, el instructor/profesor/monitor es quien da el auténtico valor a una sesión (sin ánimo de alimentar mi ego) y esto lo aprecio claramente cada vez que practico Pilates “por mi cuenta”, adoptando simultáneamente los papeles de instructor y alumno, haciendo buena la proverbial frase de que “no se puede estar en misa y repicando”: por mucho que se conozca el método y por buen profesor que se sea, el aprovechamiento del trabajo es muy inferior al que se obtiene con los papeles repartidos, ya que el Pilates requiere la total concentración tanto del alumno como del monitor, cada uno en su rol.

Instructor

  Como instructor, considero que las características que este debe reunir coinciden en gran medida con las de un buen entrenador personal.

  Como alumno, mis expectativas incluyen el que sea buen comunicador, claro y conciso en sus explicaciones y correcciones, tenga un buen trato personal y empatía, sea capaz de adaptar el nivel de la sesión a los alumnos (y no viceversa) y disponga de recursos para variar las clases e incluso para improvisar (ambas cosas en su justa medida).

  Desde ambos puntos de vista considero fundamental la implicación del profesor en cada una de las sesiones, su motivación para que tanto los alumnos como él mismo saquen el mayor provecho de aquella. Cada clase es una oportunidad de aprender para todos, por lo que debe existir una comunicación fluida y bidireccional entre ambas figuras. Me he encontrado varias veces con gente que llevaba años practicando Pilates y ni siquiera sabían de dónde venía el nombre del método y mucho menos habían escuchado hablar de alguno de los principios. Y lo que es peor, aunque se sabían al dedillo estribillos como “hunde el ombligo, conecta las escápulas, alarga la espalda…”, no entendían el significado de estas instrucciones y por lo tanto no las realizaban debidamente.

  Para finalizar, hay que tener en cuenta que el Pilates se practica sin calzado, siendo lo óptimo llevar los pies desnudos para una mayor libertad y conciencia sobre la movilidad de esta parte de nuestra anatomía, si bien razones de pudor y/o de temperatura lleva a la mayor parte de la gente a vestir calcetines. En este caso recomiendo calcetines con dedos, para una mayor similitud a ir descalzo, y con antideslizantes, por razones de seguridad, en especial para el caso del Pilates con máquinas. Como en toda actividad física en la que se emplee material compartido, por razones de higiene y respeto a los demás usuarios, es adecuado el uso de una pequeña toalla y el protocolo final de una clase incluye la limpieza por parte del alumno de las superficies sobre las que ha trabajado, en especial en el caso de las máquinas: carro y barra de pies del reformer, colchoneta de la unidad de pared o cadillac, la silla, etc.

Calcetines

  ¡A disfrutar del Pilates!


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